THE BEATLES (WHITE ALBUM)
La genialidad vista desde cuatro perspectivas
Portada del "White Album", sobrenombre que se le da a este álbum por la portada totalmente albina que diseñó Richard Hamilton, artista conceptual.
Continuamos nuestro análisis de grandes discos de la historia de la música con el noveno álbum de estudio del grupo más grande de todos los tiempos, empresa que se antoja compleja y ambiciosa, un poco en sintonía con la obra que estamos tratando. Para el que esto suscribe, se trata del disco más complejo de la banda, el que más intrahistoria presenta, el más interesante y musicalmente diverso; en definitiva, el disco que puede ayudarnos a entender la magnitud del cuarteto de Liverpool, más allá del loado “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” o el canto de cisne que es “Abbey Road”. Es un disco difícil y extenso (único doble álbum del grupo), difícil de asimilar debido a la variedad de estilos y rarezas que presenta. Esto último que refiero es lo totalmente representativo de este trabajo. Vivimos en una época en la que el eclectismo musical sirve para medir la ambición o cuán versátil puede llegar a ser un artista, y esto mismo se vende como si fuera algo nuevo, rompedor o hasta innovador, y si bien se ha conseguido con buenos resultados (“Demon Days” de Gorillaz, “My Beautiful Dark Twisted Fantasy” de Kanye West son ejemplos representativos de ello), jamás se ha superado el nivel de perfección y maestría de lo que encontramos en este disco; esto es: cuatro compositores en estado de gracia absoluto, la producción musical más puntera de la época y un sinfín de detalles que hacen de este un disco único. Me gusta pensar en este trabajo no ya como un disco de música rock, o pop; es un disco de Música, en general, escapa de cualquier etiqueta genérica que otorguemos. Va desde el Surf Rock de los Beach Boys (“Back in the U.S.S.R.”), al Hard Rock (“Everybody’s Got Something to Hide Except Me and My Monkey”), pasando por el proto-Heavy Metal (“Helter Skelter”), las baladas intimistas (“Julia”, “Dear Prudence”), el blues rock (“Yer Blues”), el rock progresivo (“Happiness is a Warm Gun”), el folk (“Rocky Raccoon”), el music hall (“Honey Pie”), la música barroca (“Good Night” y sus maravillosos arreglos orquestales), el Soul (“Savoy Truffle”), la música concreta (“Revolution 9”) y un largo etcétera. Absolutamente pantagruélico.
Detalle de la carátula del álbum "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band".
A la pregunta (algo capciosa) de si es este el mejor disco del cuarteto inglés, mi respuesta es un rotundo sí. Antes de hablar de lo que supone este trabajo, hay que conocer algo del contexto en el que nos encontramos dentro de la historia beatleliana.

Corre el año 1968, y los genios acaban de tocar el cielo y revolucionar el panorama discográfico en todos sus niveles y estructuras al publicar el ya mencionado “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, el disco por excelencia, absolutamente rompedor en todo lo que queramos analizar sobre él. Tras la borrachera de éxito (disco más vendido de la historia en su época), un EP “menor” que acompaña al experimento lisérgico-fílmico que es “Magical Mystery Tour”, un disco absolutamente maravilloso, con canciones a caballo entre la experimentación más extrema (“Flying”, la primera composición instrumental del grupo, o el “Blue Jay Way” de Harrison, y las baladas nostálgicas y generacionales (“Strawberry Fields Forever” o “All You Need Is Love”). Siguiendo esta estela, uno podría pensar que las relaciones y dinámica del grupo eran de harmonía, paz y muestras de compañerismo entre sus integrantes tras el triunfo conseguido. Y nada más lejos de la realidad.

Los Beatles en un fotograma de la película "Magical Mystery Tour".
Hacia febrero de 1968, los cuatro Beatles se vieron involucrados en un retiro espiritual en la India, bajo las directrices del Maharishi Mahesh Yogi, toda una personalidad de la época. Este momentáneo enclaustramiento motivado por la absoluta fascinación de Harrison por la mística hindú es clave para entender el “White Album”: debido a las restricciones que tenían en cuanto a material para componer canciones, el dúo McCartney-Lennon poseía una guitarra cada uno como único instrumento, y esto predomina en el sonido y naturaleza de las composiciones. Por otro lado, muchas de las temáticas que se tratan en el disco son fruto de las sesiones de meditación a las que asistieron en dicho retiro. Por otro lado, aparte de la marihuana que los músicos fumaban con asiduidad, carecían de LSD, y por lo tanto, se pierde la sonoridad lisérgica que dominaba todo el “Sgt. Peppers”. Una vez abandonaron el retiro, los Beatles volvieron a los estudios EMI en Abbey Road, para dedicarse a lo que mejor sabían hacer. Crear música.

Los Beatles en el estudio Abbey Road, ahora estudios EMI.
Sin embargo, lo que a priori podría parecer un remanso de paz y serenidad, se tornaría en crispación y luchas constantes entre los integrantes. Aparece Yoko Ono, la compañera sentimental de Lennon, a la que se considera non-grata. Las sesiones se tornan farragosas, los músicos empiezan a grabar cada uno por separado sin consultar el material unos con los otros, Lennon se vuelve adicto a la heroína y esto le hace tener un carácter irascible. Por otro lado, el carácter dominante de McCartney se volvió molesto para los demás, Starr se sentía minusvalorado, y Harrison menospreciado como compositor. Un cóctel de absoluto caos, que por otro lado, nos da la pista de lo que es este trabajo: un disco basado en las individualidades, un trabajo en la que los cuatro músicos aparecen juntos, pero sin mezclarse, en el que los caracteres y personalidades se polarizan al máximo, hasta parecer este un disco mastodóntico en cuatro partes partido. Y entre tanta individualidad y egocentrismo artístico, de repente, es cuando se produce el milagro; y lo que parece un trabajo inconsistente, se torna homogéneo y acaba por constituirse en la totalidad, en un álbum con un sentido, un mensaje y una coherencia. ¿Cómo? Gracias a unas canciones magníficas, y cuatro genios detrás que les dan forma, dejando su alma y conciencia en cada pista. Pasemos a analizarlas.

Back in the U.S.S.R.
El álbum abre con esta composición enérgica, pegadiza y ligera de Paul McCartney. Es un tributo de este a dos músicos clásicos muy admirados por el artista: The Beach Boys y Chuck Berry. La canción se articula en torno al género que cultivaron los de California, el Surf Rock, lo que contrasta con su tema politizado, ya que estás canciones solían ser livianas composiciones que hablaban sobre mujeres y playas, y no hablando de los soviets o la izquierda de la época. En esta canción, Starr acabó por abandonar las sesiones de grabación del grupo, ya que no se encontraba cómodo grabando con McCartney y su perfeccionismo enfermizo. Musicalmente tiene poderosas guitarras y coros elaborados.
The Beach Boys, en los que se inspiró McCartney para "Back In The U.S.S.R."
Dear Prudence.
De la tempestad a la calma. Es mi canción preferida de la cara A del LP. La transición entre ambas canciones es un portento de la ingeniería musical, de la coherencia de lo que un disco debe ser. Es en estos detalles, como en la mentada transición, en los que se aprecia la consistencia de este trabajo, lo que hace que no se pierda en la lucha de individualidades y egos que domina las grabaciones en el estudio. Musicalmente es una maravilla de principio a fin: escala arpegiada con guitarra acústica (instrumento que predomina por lo anteriormente referido) que se intercambia con bajo serpenteante que va saltando de agudos a graves con una elegancia inusual. Sobresale, claro, la voz de Lennon, doblada, que dedica la canción a la hermana de Mia Farrow, Prudence, la cual estuvo presente en las sesiones del Maharashi. Lennon le dice que salga a jugar, que salga a ver el sol, ya que la mencionada Prudence permanecía enclaustrada durante numerosas horas sin salir de su habitación.

Glass Onion.
The Beatles en la India.
Reaparece Ringo en la batería después de su momentáneo retiro (en las anteriores las baterías fueron grabadas por los demás integrantes de la banda). La canción es una canción homenaje plagada de referencias a grabaciones anteriores del grupo, como por ejemplo “I am the Walrus”,Lady Madonna”, “The Fool on the Hill”, o “Fixing a Hole”. Se trata de una canción-broma de Lennon dirigida con acidez a los críticos que sobreanalizaban las canciones buscando mensajes ocultos del grupo. Musicalmente la canción se engloba dentro del hard rock con tintes psicodélicos.

Ob-La-Di, Ob-La-Da.
Lennon odiaba la canción, una de las composiciones “blandas” y más poperas de McCartney. Podríamos romper una lanza en favor de Lennon en este caso, la canción es demasiado kitsch, demasiado cursilera. Sorprende que McCartney necesitara docenas y docenas de tomas para elaborarla, consiguiendo con ello frustar a todo el que le rodeaba, incluido el propio Lennon, que toca los acordes que dan comienzo a la canción de manera violenta, intentando hacer visible su hartazgo. Aun así, musicalmente es interesante, se integra dentro casi del reggae con tintes pop.

Carátula del sencillo "Ob-La-Di, Ob-La-Da".
Wild Honey Pie.
Un experimento sonoro en el que McCartney juega con los sonidos, overdubs, glizzandos y demás parafernalia. Es casi descartable y de muy corta duración, y si la encontramos en la forma final del LP es por la insistencia de la compañera sentimental de McCartney en esa época. En cualquier caso, todo era bienvenido, todo tenía cabida mientras fuera innovador y sonara diferente. Por eso este disco es tan especial.

The Continuing Story of Bungalow Bill.
Volvemos a Lennon, que en esta canción hace un juego de palabras en la que nos habla sobre Buffalo Bill. Es interesante observar que en esta canción se oye la voz de Yoko Ono por primera vez en una grabación de los Beatles (algo sintomático de hasta qué punto Lennon estaba obsesionado con la artista japonesa). Es la típica canción estrofa-estribillo-estrofa-estribillo, de naturaleza cíclica, con una letra humorística y liviana, que contrarresta con el tono grave y trascendente de la siguiente canción del disco escrita por Lennon.
John Lennon y Yoko Ono.

While My Guitar Gently Weeps.
Encontramos la primera canción de Harrison en el álbum, y compositivamente a un nivel altísimo, de un lirismo absolutamente arrebatador. La canción reflexiona sobre un mantra que nos habla sobre la conexión de todos los seres, objetos y fuerzas de la naturaleza entre sí, mientras “la guitarra suena gentilmente”. En este caso, volvemos a tener una colaboración ilustre, la del mismísimo Eric Clapton, que grabó la segunda guitarra de la pista. Una de mis preferidas del White Album.

George Harrison y Eric Clapton.
Happiness Is a Warm Gun.
Mil veces imitada y nunca superada, desde el “You Never Give Me Your Money” de McCartney, al “Paranoid Android” de los de Tom Yorke, pasando por “42” de Coldplay o “Jesus of Suburbia” de Green Day. Una canción de apenas 3 minutos de duración que es puro rock progresivo en su máxima expresión. Lennon decía de ella que era como una clase de historia de rock condensada en una canción. Músicalmente es una canción abrumadora. Se inicia con un suave guitarreo, etéreo, que acompaña la voz aterciopelada de Lennon mientras habla de una chica utilizando metáforas de extraordinaria belleza. Las palabras casi son paladeadas por el cantante con un mimo arrebatador. Posteriormente, se van agregando los bajos y guitarras, y la canción gana en peso, sonido y gravedad, para acabar en una coda final en la que se escarcea con el doo wop de los años 50, con esos coros cómicos. Rítmicamente la canción es complejísima, saltando de compases irregulares a regulares, haciendo que parezca fácil. La voz de Lennon en este tramo final es deslumbrante, salta de graves a agudos con una facilidad pasmosa. Para mí se encuentra entre sus mejores interpretaciones como vocalista de The Beatles.

Martha My Dear.
La segunda cara del disco primero se inicia con este “Martha My Dear”, una canción que se torna infantil cuando descubrimos a quién va dirigida (McCartney canta a su perrita Martha). Se trata de una canción con una línea de piano e instrumentos metálicos, que van recorriendo diferentes escalas, todo ello adornado con disonancias de jazz.

I’m So Tired.
Casi parece una respuesta cómica a la canción que Lennon compuso para el álbum “Revolver”. Presenta un ritmo lento que pretende ser pesado a propósito, con el fin de transmitirnos la pesadez del sueño y el cansancio, con la voz doblada del vocalista para acentuar esta sensación. En el estribillo acelera un poco la canción, se le añade piano y una guitarra algo ácida. Otra maravilla del álbum.

Blackbird.
La mejor composición de McCartney en este primer disco. Para ello se sirve de una guitarra acústica que toca casi como si fuera un violín, y sus pies, que marcan el ritmo de la canción de manera suave y elegante. La voz de McCartney es puro lirismo. Es una canción despojada de todo artificio, sólo el músico con su arte se basta para hacerla grande. En cuanto a la letra, es una reflexión en clave metafórica sobre los conflictos raciales que había en la época.

Charles Manson. Imagen de archivo.
Piggies.
Una de las canciones malditas del álbum. Charles Manson, el conocido asesino que acabó con la vida de Sharon Tate, mujer por aquél entonces de Roman Polanski, estaba obsesionado con la canción, hasta tal punto que llegó a pintar palabras de la misma en las paredes del lugar del homicidio utilizando la sangre de la víctima.
Es una canción que se engloba dentro del pop barroco, y presenta numerosas alegorías y metáforas que critican los problemas derivados de la desigualdad entre clases sociales. Un poco como “La rebelión de la granja” orwelliana, pero en clave Beatle. En ella, se compara a los cerdos con lo socialmente horrible. Presenta curiosos instrumentos, como el clavecín barroco, las maracas, o efectos de sonido que corrieron a cargo de Lennon, que hace sonidos de animales a lo largo de la pista, además de violoncellos, que remarcan ese regusto absolutamente pretérito.

Rocky Raccoon.
Habla sobre un cowboy de manera algo humorística y satírica. Se engloba dentro del country, algo que se encarga de remarcar el piano honky tonk, que nos retrotrae a los “saloons” y películas de John Wayne de esta temática.

Ringo Starr.
Don’t Pass Me By.
Todos tienen cabida en esta caja de ideas que es el álbum blanco, y Ringo no iba a ser menos, que debuta como compositor en el cuarteto con este “Don’t Pass Me By”. Es una canción amable que habla sobre el sentimiento de no ser ignorado.

Why Don’t We Do It in the Road?
Un rocker de corta duración que acelera algo el tiempo antes del final del primer disco, donde el ritmo decae para volverse introspectivo y nostálgico. La canción corta abruptamente el mantra que Paul repite una y otra vez, una frase que resulta obscena si nos ponemos en la mentalidad puritana de la época, esta es, “por qué no lo hacemos en la carretera”.

I Will.
Una canción maravillosa, que Paul dedica a la que sería el amor de su vida, Linda. Muy interesante instrumentalmente, ya que es el propio McCartney que, en su papel de bajista de la banda, interpreta el bajo de manera vocal, lo que dota de un cariz único a la canción. Esto se acompaña con la voz cándida y cálida del cantante, el guitarreo acústico suave y una letra romántica hasta la médula “love you forever, love you with all my heart”. Una de las más bellas dedicatorias de amor que hizo el de Liverpool, en lo más alto junto con “Here, There and Everywhere”.

Julia.
Lennon y su madre, Julia, a la que le dedica la canción final.
La encargada de cerrar la primera parte del LP es esta maravilla de Lennon, “Julia”. La sensación que me transmite esta canción es la de estar sentado en una habitación muy pequeña mientras Lennon abre su corazón y nos desborda emocionalmente. Al igual que “Blackbird”, anteriormente mencionada, es una canción totalmente acústica, que acompaña a la voz doblada de Lennon que le da a la canción un toque cuasi-onírico, mientras nos deleitamos con la guitarra que el intérprete toca haciendo “fingerpicking”.


Comentarios

  1. Sin duda logras transmitir la pasión que sientes por este gran álbum, además de ser super curiosa la información que das de cada una de las canciones. Realmente dan ganas de escuchar una a una las canciones para comprobar si son capaces de despertar en mí su atracción.

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  2. ¡Enhorabuena por la magnífica entrada Carlos! Como una gran admiradora de los Beatles coincido contigo en que este álbum es sin duda una de sus mayores genialidades. Se nota mucho la pasión y el conocimiento que tienes por la música y eso se refleja cuando escribes.

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  3. Es increíble las ganas y el interés que le metes, a la música en general, y a este álbum de los Beatles en particular. Se nota el esfuerzo y las horas dedicadas a ello, se agradecen las curiosidades que mencionas de las canciones, con ganas de saber más!!

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  4. Te felicito por esta gran entrada Carlos. Se refleja claramente el trabajo que has puesto en su elaboración, que hace además que captes la atención del lector en cada palabra. Me ha parecido muy curioso que nos comentes el álbum canción a canción para así desentrañar la esencia del mismo, así que espero ansiosa tu próximo post para que nos sigas descubriendo otras genialidades del patrimonio musical.

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